INTERVENCION DE EMILIO MASPERO, SECRETARIO GENERAL DE LA CLAT EN EL ACTO DE INSTALACION DE LA II CUMBRE LATINOAMERICANA
La CLAT, junto con la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) hemos asumido la responsabilidad de realizar esta II Cumbre Latinoamericana con el objetivo de hacer llegar a la II Cumbre de las Américas, que se celebrará dentro de pocos días también aquí en Santiago, una serie de consideraciones y de señalamientos a todos los Primeros Mandatarios del Hemisferio Occidental, desde la visión del Mundo del Trabajo y del Movimiento de los Trabajadores enriquecido con diversos aportes de importantes actores de la Sociedad Civil.
Reconocemos y compartimos todos los temas importantes que serán abordados por la II Cumbre Hemisférica en particular los que se refieren a la educación, los derechos humanos, el combate contra la pobreza y la exclusión social y la lucha contra la corrupción. Y hacemos votos para que las conclusiones sobre estos temas nos permitan avanzar con resultados muy positivos para todos y, especialmente, para los trabajadores.
La II Cumbre Hemisférica tratará también el tema del libre comercio y tratará de lograr avances hacia la puesta en marcha del Area de Libre Comercio de las Américas, conocidas por sus siglas, el ALCA.
Frente a este último tema, la II Cumbre Social Latinoamericana, promovida por la CLAT y la CAT apunta a actualizar y profundizar los distintos aspectos y componentes que deben ir conformando la Comunidad Latinoamericana de Naciones y contribuir para apurar los pasos que logren su puesta en marcha definitiva. En este sentido, queremos lograr la elaboración de un documento común para hacer llegar a todos los Primeros Mandatarios Latinoamericanos, que se han dado cita para la II Cumbre de las Américas.
En primer lugar queremos dejar en claro que el ALCA no es un proyecto de integración en el sentido preciso de este término y concepto. Su objetivo es el libre comercio y el establecimiento de un área comercial, que concretará un supermercado desde Alaska a Tierra del Fuego. Es un proceso que será básicamente monitoreado por las leyes del mercado y de la liberalización económica. Presentada hace años por el Presidente Bush y que se enmarca en los grandes intereses de la geopolítica y de la geoeconomía de los EE.UU. y que tendrá como actores principales a las poderosas empresas transnacionales. Es cierto que aún el supermercado más bonito y más grande no tiene alma y tampoco hace historia. Por esto mismo, compartimos las acciones de otras Organizaciones sindicales y sociales que se esfuerzan por lograr incluir en el ALCA cláusulas sociales, laborales y ambientales. Pero en definitiva no es un proyecto de integración para los latinoamericanos y caribeños, interpelados y obligados a decidir antes que nada su propio proyecto de integración comunitaria, cuya matriz hunde sus raíces en los tiempos de la primera independencia política y que formó parte sustantiva de los sueños y utopías de Simón Bolívar y de los Padres de nuestras Patrias.
El Señor Z. Breezinski, Asesor de Seguridad del Presidente Cárter, agudo y perspicaz analista de la situación geopolítica del mundo, en un libro titulado "Fuera de Control Tumulto Global en Vísperas del siglo XXI" afirma que entre los seis núcleos de poder global como son los EE.UU., Europa, Asia Oriental, Surasia, Islam y Eurasia, para nada aparece América Latina. Sólo aparece como parte de la "Zona de dependencia de los EE.UU.". Una simple referencia geográfica y nada más. Imaginemos en este escenario que nuestro supuesto proyecto de integración culminara o se diluyera en el ALCA, en el gran supermercado, como algunos pretenden y ya lo han anunciado. América Latina será algo así como los muchachos que empujan los carritos con las compras que hacen de nuestras ciudades los clientes de los grandes supermercados.
América Latina, completamente degradada, perdería su identidad y se sumergiría en un destino inferior y se convertiría en una región sin ninguna posibilidad de tener un protagonismo propio en el ámbito mundial, en la conformación de la nueva sociedad internacional y nuestros procesos de desarrollo y de democratización correrían serios peligros de debilitamiento y desintegración y ciertamente aumentaría aún más la injusticia social, la pobreza, la exclusión social, la degradación de las condiciones de vida de la mayoría.
La CLAT, junto con mucha otras instituciones, Movimientos y Organizaciones desde siempre y más ahora se identifica con profundas convicciones con el proceso de integración comunitaria que debe ir creando las condiciones necesarias para una sólida articulación de nuestras Naciones y pueblos, no sólo en el ámbito comercial y económico sino también y sobre todo en los ámbito laborales, sociales, políticos, éticos, culturales y espirituales. Y apoya firmemente todo lo que facilite y apresure la integración modular de sus distintos procesos de integración subregionales desde hace tiempo puestos en marcha, como la Comunidad Andina, el Sistema de Integración Centroamericano, el MERCOSUR y el CARICOM, ya que estos procesos son momentos previos y caminos concretos, que deben culminar en la puesta en marcha definitiva de la Comunidad Latinoamericana de Naciones, o dicho de otra manera, debe conformar la Patria Grande Latinoamericana. En estas perspectivas, saludamos la reciente firma del Protocolo de convergencia entre la Comunidad Andina y el Mercosur y esperamos que se apuren los pasos necesarios para una efectiva convergencia con los procesos de Centroamérica, Caribe y México, país a quien la geografía ha colocado en el norte, pero que es una pieza irremplazable de la unidad latinoamericana.
No estamos en contra de comerciar con los EE.UU., Canadá, Japón, La Unión Europea con lo que más convenga a los intereses latinoamericanos. El problema es, a partir de qué proyecto y de que estrategia es mejor desarrollar las relaciones comerciales y económicas. No es tampoco una nueva forma de ir contra los EE.UU. o de alimentar los conceptos y prácticas antiamericanas del pasado. Se trata de un desafío histórico y político para todos los latinoamericanos que deben poner en común lo que somos, lo que tenemos, lo que sabemos, lo que podemos en un sistemático proceso de comunión, de participación y de solidaridad. No es un tema sobre el cual haya libertad de opción para nadie en la región. Hay un destino común que involucra e interpela muy hondamente a todos los latinoamericanos. Más allá de las diferencias que existen y que deben ser respetadas, hay una real comunidad de destino que engloba a las gentes, a los pueblos, a las naciones de América Latina y del Caribe y que, marca su suerte presente y futura.
Quizás hablar de una comunidad de destino, puede parecer un esfuerzo más bien teórico o quimétrico. Pero no es así, cuando se ponderan los tremendos retos a los cuales debemos hacer frente todos los latinoamericanos por igual. El fenómeno de la globalización capitalista y neoliberal atropella y aplasta a todos y la única respuesta efectiva es la acción mancomunada; sufrimos los mismos embates que provocan la desintegración de nuestros estado y naciones con graves pérdidas de nuestras identidades culturales y de autoestima como personas, como pueblos y como naciones; estamos inmersos en crecientes procesos de descomposición humana, social, moral y política; constituimos la región del mundo de mayor injusticia social, de creciente desempleo, pobreza y exclusión social con una degradación de la calidad de vida y de creciente inseguridad en todos los órdenes; nuestros procesos de democratización todavía están en la categoría de ensayos y la consolidación y la profundización de estos procesos es una exigencia por igual en todos nuestros países; debemos responder a los anhelos que vienen de lo más hondo de nuestras gentes que quieren ser consideradas y tratadas como personas humanas y lograr el máximo de humanización de sus vidas y de sus destinos. Y esto sin dejar de mencionar que hasta ahora el tratamiento de la deuda externa en términos puramente bancarios se ha convertido en una constante agresión contra todos nuestros países. No hay posibilidad de responder a estas situaciones y retos con destinos nacionales aislados y solitarios. Estamos confrontados al mismo problema: no morir, no desaparecer -no solamente desde el punto de vista Zoológico- sino también el punto de vista social, político, cultural, intelectualmente y espiritualmente. Los latinoamericanos hemos llegado al momento crucial de una efectiva comunidad de destino. O salimos adelante todos unidos y solidarios, o desaparecemos todos sin pena ni gloria, arrojados al planeta de los simios. Es lo que quiere decir la frase de nuestro evento "UNIDOS LO PODEMOS TODO EN EL MARCO DE LA COMUNIDAD LATINOAMERICANA DE NACIONES!!!!!!!!!".
En definitiva es la comunidad de destino lo que da a una nación, a un pueblo su identidad, su unidad, su querer vivir, su voluntad de progresar y desarrollarse más allá de todas las diversidades humanas y sociales que existen. Asumir esta comunidad de destino en la dimensión latinoamericana es el fundamento y el motor para constituir lo que Simón Bolívar en su tiempo llamó UNA NACIÓN DE REPÚBLICAS.
Una comunidad de destino exige y se debe concretar en un proyecto societal común, asumido en sus lineamientos fundamentales. Este proyecto común ya está en marcha en la dinámica que avanza hacia la Comunidad Latinoamericana de Naciones, destinada a ser una nueva sociedad y conformar un destino superior para todos los latinoamericanos.
El Papa Juan Pablo II en su alocución de inauguración de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo se refirió en estas mismas perspectivas. Dijo textualmente: "hay que buscar soluciones a nivel mundial, instaurando una verdadera economía de comunión y de participación de bienes, tanto en el orden internacional como nacional. A este propósito, un factor que puede contribuir notablemente a superar los apremiantes problemas que hoy afectan a este Continente, es la integración latinoamericana. Es grave responsabilidad de los gobernantes el favorecer el ya iniciado proceso de integración de unos pueblos a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia".
Chile ha sido una nación señera y de avanzada en el tema de la integración latinoamericana, bandera de sus distintas fuerzas políticas y sociales, de sus principales pensadores y personalidades. Eduardo Frei padre, fue un convencido de que el futuro de América Latina está fundamentalmente vinculado a su integración comunitaria. Le tocó, como Presidente de Chile, jugar un papel de primera línea en la puesta en marcha del proceso de integración andina, el primer intento serio de integración en nuestra región.
En muchos de sus discursos, en dos de sus libros "América Latina tiene un destino" y "América Latina, opción y esperanza" ha dejado bien claro su pensamiento y sus posiciones en lo que se refiere a la integración concebida como un proceso comunitario destinado a articular a fondo lo económico, lo social, lo político y lo cultural. Llegó incluso a plantearla como la parte incumplida de la independencia nacional.
"Algunos piensan -decía- que somos débiles porque somos dependientes. También podríamos pensar que la independencia nace de nuestra debilidad a causa de nuestra desintegración e incapacidad para organizarnos dentro de un cuadro mundial dónde día a día gravitan más los que constituyen grandes bloques regionales de poder".
La relación de colaboración con los EE.UU. para ser realmente digna, respetuosa y provechosa, pensaba Frei, exige la unidad de los pueblos latinoamericanos para una común política ante los EE.UU. señalando que en el Norte se encuentran los Estados Unidos, y en el sur los Estados Desunidos. En efecto, advierte: "ninguna potencia es de por sí generosa, y el entendimiento de una parte tan poderosa frente a cada una de estas Repúblicas divididas y débiles, ya se sabe a quien conviene".
Por esto mismo, para Frei, la integración latinoamericana aparece como la principal base y condicionante de una relación con los EE.UU. en la cual América Latina deje de ser pasiva y "copista", mero objeto de la historia y llegue a ejercer su iniciativa, convirtiéndose en sujeto creador de historia contemporánea. "A nuestro juicio, decía, prescindir de una relación con los Estados Unidos sería un error para decir lo menos, porque hay demasiadas razones para que esa relación exista, y es un abuso desconocerlo pues para ello basta mirar el mapa. Pero construirla sobre la base de una América Latina fraccionada, que se niega a sí misma conducirá siempre a la frustración y a la dependencia".
Estas consideraciones del Presidente Frei que nosotros compartimos, tiene ahora una particular vigencia, especialmente para animar a todos los que apuntamos a lograr el máximo de unidad latinoamericana, el máximo de avances hacia la Comunidad Latinoamericana de Naciones antes del año 2005, fecha propuesta para poner en marcha el área del Libre Comercio de las Américas, que debe ser encarada no con nuestros países en fila india para ingresar uno por uno, sino en base a una poderosa y muy firme y enérgica concentración y unidad de todos como se ha venido demostrando en el Mercosur y que nosotros apoyamos muy encarecidamente.
Sin esto, el proyecto del ALCA que es más bien el proyecto del Norte, predominará y se convertirá en una trampa histórica que hará inviable indefinidamente el proyecto de integración del Sur, cumpliéndose los pronósticos de quiénes hace tiempo advierten que en el año 2000 una América Latina fraccionada será todavía más dependiente y dominada, más pobre y solitaria.
Es oportuno preguntarse, por qué un movimiento de trabajadores como la CLAT, como la CAT, como muchas otras organizaciones de trabajadores, centran ahora sus preocupaciones, sus esfuerzos en apurar los pasos conducentes a la Comunidad Latinoamericana de Naciones, habiendo tantos problemas coyunturales y estructurales que pesan sobre la vida diaria y concreta de los trabajadores y sus familias, como son el desempleo, el salario, la salud, la seguridad social, la educación y tantos otros. Si quedamos como naciones uncidas sin retorno al proyecto del gran supermercado hemisférico, los trabajadores seremos los grandes perdedores. En la lógica del mercado las cosas valen más que las gentes, el mercado es ciego, no tiene dimensión humana ni social. Y esto no se resuelve con simples cláusulas sociales.
En un proceso comunitario, en cambio, como el de la CLAT que no debe ser monitoreado por el mercado y sus leyes, las gentes deben tener un valor superior al de las cosas, del dinero, de los negocios, de la tecnología y dónde lo que se trata no es de paliar situaciones con meras cláusulas muy mínimas, sino de abrir a fondo nuevos espacios sociales, nuevos conceptos, nuevas políticas y estrategias sociales y laborales inspiradas en los imperativos de la justicia social y de la solidaridad. Aquí los trabajadores y sus organizaciones tenemos campo abierto para jugar un protagonismo sociopolítico determinante. Aquí podemos jugar a fondo y ganar.
Más aún, nosotros creemos que la dinámica que debe llevar a la CLAT, es una ocasión única, histórica, para encarar con más recursos, con más fuerzas, con más creatividad los problemas concretos y diarios que sufrimos los trabajadores, aún para impulsar los cambios de fondo en nuestras sociedades para lograr erradicar no sólo los síntomas sino las causas que generan la pobreza y la exclusión social y que afectan más y más a la mayoría de nuestras gentes.
Es por esto que en esta II Cumbre Social Latinoamericana vamos a abordar temas como el empleo, el mejoramiento de la calidad de vida, la educación, las nuevas relaciones sociales y laborales y otros tantos temas que tienen relación muy directa con la vida diaria y concreta de los trabajadores y sus familias ahora y hacia el futuro.
Estamos muy conscientes que todos los procesos de integración en marcha se han limitado hasta ahora a aspectos comerciales y de índole economicista y que predominan ciertas tesis de la ideología neoliberal. Que hasta ahora ha sido muy arduo y difícil lograr una participación más directa, más determinante de los trabajadores organizados y de la sociedad civil en general. Que todavía no ha sido posible abrir los espacios sociales, políticos y culturales. Lejos de nosotros está el aceptar que la integración que queremos sea simplemente la sumatoria mecánica de todas las ideas y políticas neoliberales que dominan en nuestros países. Pero también es claro para nosotros que debemos subirnos e instalarnos muy sólidamente en estos trenes integratorios que ahora existen para operar dentro de ellos y para lograr dentro de ellos una relación de fuerza y de poder que permitan una orientación y una concreción claramente favorable para los trabajadores y para nuestros pueblos en general. Nosotros apostamos a la dinámica de integración comunitaria que viene desde abajo, de lo más profundo de las gentes y de nuestros pueblos.
El proceso de integración latinoamericano no se limita a las iniciativas de los Gobiernos; si fuera así tendría poca vida y muy precario futuro. La fuerza creadora y motora más de fondo debe provenir de las gentes, de los pueblos, de la sociedad civil. La increíble explosión de toda clase de iniciativas y actividades de la sociedad civil en los países componentes del Mercosur comprueba que la idea de la integración comunitaria está hondamente presente en el sentimiento, en la conciencia, en la voluntad de las gentes. El gran reto está en una participación muy activa pero muy organizada para influir en los diseños y en las grandes decisiones que deben ir conformando la Comunidad Latinoamericana de Naciones.
Después de una tremenda soledad que lleva más de cien años, la construcción de la Patria Grande Latinoamericana es una oportunidad apasionante para construir una nueva sociedad más humana, más libre y democrática, pero sobre todo más justa y solidaria, y para proyectar al bloque latinoamericano como sujeto creativo y determinante en un nuevo orden mundial inspirado en el bien común de todos los pueblo y de todos los seres humanos.
Este evento no es sólo de las Organizaciones de los trabajadores, sino que es compartido por representantes de Instituciones como el Parlamento Latinoamericano, el Parlamento Centroamericano, de la Comunidad Andina, del Mercosur, del Sistema Económico Latinoamericano, de la OIT, del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), de Universidades y Centros Académicos, de Agrupaciones de Profesionales y Técnicos, de Organizaciones no Gubernamentales, empeñadas en promover la participación activa de la sociedad civil en el proceso de integración, de organizaciones cooperativas, de jubilados y pensionados, de trabajadores de la educación y la cultura y de los medios de comunicación social, de los Empresarios.
La CLAT hace tiempo que está convencida que los grandes constructores de la CLAN son el mundo del trabajo en alianza estratégica con los representantes del mundo de los conocimientos, de la técnica, del mundo de la cultura y del espíritu. Aquí está la gran fuerza, la gran dinámica, el motor que una vez puesto en marcha será imbatible e inevitable. Construir la CLAT es sobre todo un reto de fondo al espíritu de todos los latinoamericanos.
Pero es un reto sobre todo para los trabajadores organizados que deben extremar todas las medidas conducentes al más amplio diálogo, cooperación y unidad de acción de todas las Organizaciones Sindicales existentes y reconocidas. La CLAT viene planteando con insistencia la puesta en marcha de un Frente Unitario de los Trabajadores en el MERCOSUR, y que se debería convertir en un frente latinoamericano para acompañar con protagonismo determinante el proceso de la Comunidad Latinoamericana de Naciones.
Más aún, aspiramos que en este evento se puedan echar las bases para construir un FORO PERMANENTE LATINOAMERICANO DE LA SOCIEDAD CIVIL EN ESTA MISMA DIRECCION.
Al terminar, quisiera recordar para apostar con esperanza profunda a la construcción de la Unidad Latinoamericana, las palabras que dijeron los ilustres chilenos. El Presidente Frei, al firmar en Colombia el proceso de integración andina, afirmó dirigiéndose a una estatua de Simón Bolívar: "Bolívar, no has arado en el mar, comenzamos a construir la Patria Grande Latinoamericana" y lo que el poeta Neruda dijo en sus Odas al Libertador; "Bolívar despierta cada cien años, cuando despiertan los pueblos".