El papel de los cristianos en el contexto cultural y social de la globalización.

 

Intervención de Jordi Giró

 

Después de las intervenciones que escuchamos ayer, y en especial de la lección magistral del profesor Joseba Goñi sobre la posición de Maritain a cerca de la Guerra Civil española, no puedo dejar de leerles y comentarles unas cartas que encontré en el archivo de Kolbsheim, entre el Cardenal Vidal i Barraquer y Jacques Maritain en 1938, cuando preparaba la exposición de fotografías y documentos de las grandes amistades catalanas, en ocasión de la conmemoración del 30 aniversario de la muerte de filósofo. Dicha exposición se presentó en el otoño del 2003 en la Universidad Ramon Llull de Barcelona.

 

Lectura de las cartas.

 

Como en 15 minutos no me da tiempo para una exposición en forma de conferencia extensa, he pensado proponerles algunas incitaciones para la actuación de los cristianos en el momento actual, pero partiendo de los textos del propio Maritain.

 

1. Amistad cívica como respuesta a los momentos de graves crisis y como estilo colectivo de búsqueda de soluciones.    

Texto de referencia: Les Grandes amitiés. Les aventures de la Grace.

2. Primauté du spirituel, como método de presencia pública y fórmula paradigmática de actuación.

Texto de referencia: Primauté du spirituel.

3. Fellowship. (acompañamiento) ante el reto del dialogo interreligioso e intercultural.

Texto de referencia: Qui est mon prochain?

4. Contemplación en el mundo, un nuevo estilo de santidad requerido para la transformación de lo temporal.

Texto de referencia: Notas sobre la espiritualidad de los Petits-frères de Jesús

 

* (5. Humanismo “descentrado” (no-antropocéntrico), como respuesta a los retos anti-humanistas de la crisis ecológica y el diálogo con los “verdes”.)

 

1. Amistad cívica como respuesta a los momentos de graves crisis y como estilo colectivo de búsqueda de soluciones.

 

Las grandes transformaciones sociales que vivimos (Después de la caída del muro de Berlín se inaugura otro espacio de civilización) pueden leerse como crisis, de manera derrotista, en un sentido de destrucción, o, con esperanza, como una oportunidad histórica para una nueva presencia.

 

No me cabe la menor duda de lo que nos diría hoy Maritain; ellos respondieron con la esperanza del nacimiento de un humanismo de la encarnación a los graves momentos de crisis (recordemos que tanto ellos como Mounier interpretaban el siglo XX como la liquidación de un estadio de la cultura iniciado en el Renacimiento) frente a los totalitarismos.

 

Ante la crisis de civilización que supuso la segunda guerra mundial, la respuesta de Raïssa fue la rememoración de las Grandes amistades, toda una generación de convertidos, estrechamente vinculados entre sí, en una extraordinaria búsqueda colectiva de la verdad. Una verdadera conversión hacia Dios a partir de su presencia en los “signos de los tiempos” y a través de ellos. Búsqueda conjunta, tipo red de relaciones, en estrecha colaboración.

 

Estoy traduciendo al catalán la segunda parte de Les Grandes amitiés, titulada Las aventuras de la gracia, y les aseguro que es impresionante detenerse en los detalles de esta épica aventura colectiva. Uno queda admirado ante la exposición fotográfica Les grandes amitiés.

 

Por otra parte, el libro de Raïssa, uno de los más leídos de los Maritain, expresa vivencialmente el concepto político que Jacques formulará, siguiendo a Aristóteles, en la propuesta de una amistad cívica como fundamento de la democracia.

 

Respuesta, pues, ante la devastación de la segunda guerra mundial: la amistad que destruye fronteras. Respuesta hoy ante la crisis del supuesto choque de civilizaciones (Samuel Huntington): las amistades “peligrosas”. Atreverse a establecer amistades en los lugares de frontera. Esta es la labor al estilo de los Maritain de los intelectuales cristianos comprometidos con el mundo de la globalización.

 

En la época de los Maritain se trataba fundamentalmente de la aventura “espiritual” (¿no es también el ateismo una búsqueda de Dios para negarlo? La signification de l’ateisme contemporain) de un mundo ateo, bajo la influencia del relativismo, el nihilismo nietzscheano y el materialismo histórico marxista (el escándalo de la pérdida para la Iglesia del mundo obrero y de sus masas). Hoy tenemos por una parte, el mismo mundo europeo cansado (el cansancio de occidente) y superpuesto a él, un mundo no secularizado, de otra/s cultura/s y otra/s religión/es que irrumpe en nuestras fronteras, nos inquieta y nos pone en cuestión: o vía emigración pacífica (la colonización “de los pobres” a través de las pateras), o vía ataque violento terrorista (Los “11”: Manhattan, Madrid, Londres etc.)

 

Una carta del Arzobispo de Argel, Mons. Enry Tessier, lo expresa muy bien: “… en vez de considerar como inevitable el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, como algunos afirman, consideramos que es más importante multiplicar los lugares de encuentro … quisiera decir a toda esa parte del mundo que sufre a causa de esta oleada del terrorismo que no hay otra respuesta que la multiplicación de las amistades que sobrepasan las fronteras.”
 
Pues bien. Mi familia y yo, humildemente, es lo que hemos intentado en una experiencia de vida familiar en Marruecos. Comprender desde dentro, en estrecha vinculación con los más alejados, con los diferentes y expuestos a la diferencia, en una búsqueda conjunta con ellos, de la Verdad. De su forma de acceder a la Verdad y de nuestra forma de acceder a la Verdad. El estudio de Maritain no fue un estudio “libresco”, como desgraciadamente desarrollamos, tantos, en Europa sobre el mundo islámico, por ejemplo, sino un humanismo integral, un humanismo encarnado en los sufrimientos del mundo, dejándose crucificar en él.
 
Primera propuesta, pues: Las Grandes amistades. ¿Con cuantas personas de otras culturas y credos, caminamos amistosamente, hacia la Verdad, dejándonos interpelar por la diferencia? Si cada uno de nosotros estableciera amistades “peligrosas” –estas sí que lo son!- e invitara a otros a establecerlas: ¿estaríamos igual? Y no se trata de una búsqueda amistosa individual, sino colectiva, de toda una generación. Sé que a algunos les hará sonreir, pero la base de la democracia maritainiana no es otra que la construcción del bien común a través de esta búsqueda profunda de la verdad a través del diálogo y la amistad, puesto que como buen aristotélico-tomista, en donde nos “la” jugamos es en la comunicación a través de la palabra, como nos recordaba ayer M. Zaragoza. (Seres para la comunicación, por ello somos animales políticos. ¿Qué sistema social podríamos inventar, más humano, si no aquel que se basa en la dilucidación de la verdad y del acuerdo a través de la palabra? No se trata de la definición de W. Churchill: el menor mal, sino de un ideal de fraternidad al servicio de la persona)
 
2. Primauté du spirituel, como método de presencia pública y fórmula paradigmática de actuación. 
 
Esta expresión, Primacía (preeminencia) de lo espiritual, así como el nombre emblemático que Mounier puso a su revista, Esprit, se oponen expresamente a la propuesta de Massis, y al fascismo de Maurras, Politique d’abord. (Política primero). 
 
A la “tentación” inmediatista de una presencia pública militantista y agresiva, tipo reconquista del espacio mediático, o asalto de la calle, (ya no digamos la guerra preventiva!) tanto Maritain como Mounier oponen –quizás mejor simplemente proponen- una búsqueda interior hacia lo esencial, a largo término, (como el grano de trigo evangélico que si no cae a tierra y no muere no da fruto) para establecer, desde allí, un diálogo con los demás, por muy alejados que estuvieran. 
 
No se trata pues de pertrecharse organizadamente, en vistas a una lucha por el poder, sino de la renúncia evangelica de todo poder, para ponerse en camino de conversión personal y colectiva. Y desde este camino evangélico de conversión, como auténtica preeminencia de lo espiritual, repensar el mundo.

 

No me resisto a leeros esta bella reflexión de Jacques:

 

“Más tarde, después de la publicación de Primacia de lo Espiritual, (Primauté du Spirituel) Dom Florent Miege, el santo contemplativo que me invitó a visitar la Cartuja de la Valsainte, y la amistad incomparable de quien había de compensarme  de los odios nacidos en los “medios eclesiásticos de Action Française”, tenia por bien de decirme que Dios hasta los errores de aquellos que le aman, y que mis relaciones con la gente de Action Française habían permitido que, en el momento más crítico, mi testimonio ayudase a clarificar a las almas de buena voluntad, me acusaré siempre de haber cometido una imperdonable ligereza por haber dado crédito durante cierto tiempo a un movimiento cuyos sofismas políticos se basan en el menosprecio del evangelio. Hoy más que nunca bendigo la intervención liberadora de la Iglesia que, en 1926, denunció los errores de Action Française, y después de la cual examiné las doctrinas de Maurras y  ví lo que valían. Entonces empezó para mi un período de reflexión dedicado a la filosofia moral y política en el que he intentado delimitar los rasgos de una política cristiana auténtica y establecer, a la luz de una filosofía de la historia y de la cultura, la verdadera significación de la inspiración democrática y la naturaleza del nuevo humanismo que esperamos. Así, al menos, he podido combatir desde hace veinte años sin descanso las ideas y los hombres, los desastres de quienes había visto muy de cerca, y que tenían que aproximarse finalmente al poder en favor de la destrucción de la patria, y traicionar el alma de Francia.” Les Grandes amitiés. p. 980. (traducido por mi)

 

En realidad se trata de vaciarse de uno mismo, viviendo el sentido de la kénosis de Cristo en tanto que  intelectuales, para llenarse de Dios mismo encarnado que se revela en los acontencimientos del camino, en  los signos de los tiempos.

 

Sin miedo. Sin temer a los errores de una precipitada toma de posición. Incluso en los errores, está presente esta “Primacia de los espiritual”.

 

Creo que esta Primacia de lo espiritual, a la búsqueda de la identidad cristiana en diálogo con el mundo, responde, en cierta medida, a los interrogantes que el Prof. Chozas nos proponía ayer, sobre la identificación de qué es lo cristiano, o como se identifica lo Católico en el espacio público.

 

Dejádemelo decir con una expresión un poco provocativa: no se trata de salvar al mundo desde nuestros prejuicios y preconcepciones culturales-religiosas (Religión et cuture), asaltándolo para conquistarlo, sino de dejarnos interpelar, captar, por la presencia de Dios en el mundo, a través de sus vestigios, “los signos de los tiempos” dejándonos cautivar y transformar por ellos y a través de ellos.

 

3. Fellowship. (acompañamiento) ante el reto del dialogo interreligioso e intercultural.

 

Uno de los signos de los tiempos, una teofanía, se manifiesta hoy en el diálogo interreligioso. Ante el reto del diálogo interreligioso Maritain propone un acompañamiento mutuo basado en la lealtad y el respeto de las diferencias y a la diferencia del Otro, o de lo otro. No se trata de un acuerdo supradogmático, sino de de un ponerse en cuestión, mutuamente, de forma suprasubjetiva: saliendo de nosotros mismos, no de nuestra fe.

 

Me vais a permitir que os hable un poco de Charles de Foucauld, Massignon y Psichari, personajes, al menos los dos últimos, prácticamente desconocidos aquí en España.  Charles de Foucauld, Luis Massignon y Ernest Psichari, representan, bien paradigmáticamente, en sus biografías las consecuencias inesperadas de la irrupción del Otro o de lo otro en nuestras vidas.

 

Tanto Charles de Foucauld com Louis Massignon, que vivieron a caballo del siglo XIX y del XX, defienden, en sus vidas y en sus obras, la oportunidad y la necesidad de un descubrimiento amistoso y respetuoso de la alteridad de lo Otro, o del Otro, como camino de profundización hacia uno mismo.

 

Carlos de Foucauld, fue un militar y geógrafo francés, vizconde para más señas, que realizó un viaje de exploración a Marruecos entre el año 1883-1884. Fue el primer occidental que penetró en este país que estaba cerrado al mundo europeo, de incógnito y bajo el disfraz de un rabino judío, acompañado de otro auténtico, llamado Mardoqueo. El resultado de su viaje secreto de exploración geográfica, un libro que tituló Reconaissance au Marroc, le valió un premio extraordinario de la Sociedad Francesa de Geografia y le hizo famoso. Pero sobre todo, le transformó personalmente.

 

La experiencia de pobreza forzada y el sufrir en propia carne el menosprecio por el otro, en su caso el desprecio musulmán a la condición de judío marroquí, le hizo situarse en “la piel del otro”, hacer-se otro, y descubrir a la vez la alteridad irreductible del mundo islàmico. Su sentido oriental de la hospitalidad sagrada le cautivó. Fue descubierto en diversas ocasiones y su vida fue salvada por este sentido profundo de la acogida.

 

He aquí una de las claves de comprensión de nuestro nuevo mundo: situarse en el lugar del otro, el la piel del otro, para desde allí releer mi anterior visión a cerca de él y de mi mismo.

 

Luis Massignon, amigo del anterior, amigo también de los Maritain, fue un ilustre arqueólogo y arabista que estudió en profundidad el Islam y su cultura,  especialmente dedicado al estudio del sufismo en la persona y la obra del Hallaj, un fascinante místico medieval que fue crucificado en Bagdad, al rededor del año 922, como hereje del Islam, precisamente por defender que Dios es amor, desde la tradición islámica. Massignon llega a proponer a Hallaj como el primer santo cristiano del islam!

 

Sin embargo lo que nos interesa más señalar de la vida y de la obra de estos dos amigos es que, tanto el topógrafo Foucauld como el arabista Massignon, son dos “científicos” europeos ateos convertidos al catolicismo por contacto con el Islam y dos estudiosos seducidos hasta la transformación personal por el objeto de su investigación. En los dos casos fue el Otro, el Islam, y el choque que representó su descubrimiento irreductible quien les condujo, paradójicamente en apariencia, a un redescubrimiento de lo Otro transcendente de Dios y de su propia identidad.

 

He dejado expresamente el caso de Psichari a parte, porqué voy a leeros una explicación sorprendente de su conversión:

 

“Hablando de un puesto militar a él asignado, al borde de la maleza de Moudjeria, donde permanece desde el 24 de mayo al 12 de junio de 1910, “es allí, dice, donde conocí las primeras horas de verdadera soledad, donde escuché piadosamente por primera vez, caer las horas en el eterno silencio del desierto. Pero aquella tierra muerta, donde jamás un hombre fijó su mirada, me parecía salir de los límites ordinarios de la vida, conducirme, temblando de vértigo, sobre el borde de la eternidad. Durante los días de calor aplastante, mientras los guerrilleros dormían bajo un sol familiar, permanecía yo en mi tienda, con el mentón sobre las rodillas, percibiendo, con el latir del corazón, una especie de sentimiento de misteriosa espera”. […] “Las grandes facilidades de meditación que nos proporciona esta tierra espiritual, las utilizan los moros y hacen admirables adornos a esta aridez. ¿Por qué, transformando a nuestra medida semejantes fuerzas… no tratamos también nosotros de enriquecernos, o más bien de reconquistar nuestras riquezas perdidas?” […] Un joven moro, que lleva uno de los más hermosos nombres del Islam –Mohammed Fadel Oled Mohammed Roulam- inteligencia cultivada y ávida de saber, acompaña a Ernesto durante el largo camino hacia Adrar. La conversación recae siempre en el tema de la religión. “La nuestra le preocupaba vivamente, dice Ernesto. Un día me preguntó con verdadera ansiedad si los franceses creían en un solo Dios o en tres”. […] En las largas conversaciones con Mohammed Fadel tendía a aparecer “francés”, y con la mayor naturalidad, impulsado por el mismo deseo, hablaba de Cristo, como cristiano, “y yo hubiese experimentado la mayor vergüenza, dice, de no hacerlo así”. Recuerda aquellas conversaciones “como la cosa más extraña del mundo. Yo no tenía fe y hablaba como creyente, y, sin embargo, no experimentaba el sentimiento de falta de sinceridad. Entonces, por primera vez, comprendí cómo me atraía Cristo, a mi pesar y sin darme cuenta de ello.” […] Cuando un día su compañero Sidia le dijo: “Yo sé que Issa (Cristo) es un gran profeta”, Ernesto no vaciló un segundo en responder a Sidia: “Issa, amigo mío, no es un profeta, sino verdaderamente, es el hijo de Dios… es el hijo de la Virgen Miriam, que lo concibió por la gracia del Espíritu de Dios”; y le cuenta toda la santa historia del Verbo Encarnado, y añade al terminar: “Aprende que por el servicio de este Amo, nosotros daríamos voluntariamente nuestra vida.” Se da él mismo cuenta del extraño estado de espíritu en que se encuentra en aquel momento: “Yo no creía que Jesucristo fuese el hijo de Dios… y sin embargo, hablaba desde el fondo de mi conciencia… En aquel momento sabía yo que mentía, pero sabía también que hubiese mentido más todavía si no hubiese confesado la verdad de mi Dios.”[1]

 

Desde luego es sorprendente, pero lo es más aún en su significación profunda si tenemos en cuenta que Ernest Psichari es el nieto de Renan, uno de los paradigmáticos laicistas franceses más anticristianos de la época moderna.

 

¿En qué consiste pues para mí la profunda significación de todas estas conversiones?

 

Pues en el hecho de que el desplazamiento hacia el Otro, el interés por el Otro, les permitió mirarse a si mismos desde fuera y modificar la interpretación que daban de su cultura y de su fe. Su experiencia nos puede servir como una fórmula paradigmática de diálogo interreligioso e intercultural, a medio camino entre el rechazo absoluto de la diferencia, en forma de terrorismo o de guerra, y el relativismo que confunde todo en un magma informe, como si las diferencias no fuesen relevantes.

 

La experiencia y los estudios de Foucauld y Massignon, y las obras de Psichari son todo un paradigma del respeto por el Otro y por uno mismo y el sentido de acogida que buscamos. Su forma de aproximación al otro se inserta en continuidad con el franciscanismo y el lulismo, especialmente por lo que se refiere al diálogo con las otras religiones, y particularmente con el Islam.

 

Su manera de acercarse y comprender las diferencias consiste en:

 

1.       un paciente trabajo de investigación de la alteridad del Otro.  Qué es lo que le hace distinto a mí.

2.       un desinterés absoluto y una absoluta lealtad hacia esta misma alteridad, en donde no cabe ni el deseo de conquista del otro ni el deseo de llevarlo hacia mi mismo.  

3.       el fruto de esto es la amistat entre hombres que se saben irreductiblemente diferentes.

 

En pocas palabras, lo que anima el sentido del respeto por el otro consiste en:

 

El deseo de llevar al otro, no hacia mi, si no más profundamente hacia el mismo, empujarlo a que sea mas profundamente lo que es, y desde esta nueva comprensión de uno mismo reconocerse mutuamente como seres dignos de respeto cuyo fruto es una amistad entre hombres irreductiblemente diferentes.

 

El fellowsip, el acompañamiento mutuo.

 

En el sentido de un respeto profundo por la alteridad del otro y de la comprensión de su irreductibilidad, se nos ofrece la posibilidad de ser más profundamente nosotros mismos. Sin embargo esta actitud no es unilateral, sino recíproca.

 

En última instancia se trata de una propuesta de tipo ético: En la alteridad del Otro, de aquel que no es de los míos, y su respeto, se nos muestra la radical dignidad de la humanidad. Y más allá, se trata de una experiencia espiritual: acogiendo al otro, a lo Otro, acogemos a Dios mismo!

 

No es este el sentido filosófico de la Benevolencia que se deriva de la parábola del buen Samaritano, aplicada al diálogo interreligioso e intercultural? El extranjero, aquel que no es de mi religión, es quien mejor se ha comportado y quien manifiesta más claramente la presencia de Dios. ¿ Y no somos nosotros, al mismo tiempo, también y recíprocamente, el extranjero del extranjero?

 

Quisiera continuar esta intervención citando unos fragmentos de una conferencia de Maritain, no traducida aún, Qui est mon prochain?,  que expresan el sentido de amistad cívica que pretende, en última instancia, generar el respeto por el otro.

 

“El acompañamiento (fellowship) entre personas de diversas religiones (ahora lo llamamos diálogo interreligioso) no se basa en el orden del intelecto ni en el de las ideas, sino en el del corazón y en el del amor: es la amistad, la amistad natural … El amor no va a las esencias, ni a las cualidades, ni a les ideas, sino a las personas … El acompañamiento en cuestión no es el diálogo de les creencias, sino el de las personas que creen.

 

La convicción en la que cada uno se encuentra, con razón o sin ella, las limitaciones, carencias o errores del otro, no impiden una amistad entre los espíritus. Para el diálogo fraterno del que hablamos, es necesario un tipo de perdón, y de remisión, que descansa no sobre las ideas – que no merecen ningún perdón si son falsas- sino sobre el estado de aquel que hace camino con nosotros.

 

 Por otra parte, esta amistad ... nos hace reconocer que el otro existe, no como un accidente cualquiera del mundo empírico, sino que existe ante Dios y que tiene derecho a existir. Sin abandonar la fe, la amistad nos ayuda a reconocer todo lo que las creencias diferentes a la nuestra comportan de verdad y de dignidad, de valores divinos y humanos, y nos los hace respetar, nos empuja a buscar sin pararnos en ellos todo lo que lleva la marca de la grandeza original del hombre y de las generosidades de Dios.

 

 “Nos ayuda a entrar en una mutua comprensión los unos  de los otros. No es supra-dogmàtica, sino supra-subjetiva; no nos hace salir de nuestra fe, sino que nos obliga a salir de nosotros mismos.

Es decir que nos ayuda a purificar nuestra fe misma de la ganga de egoísmo y de subjetividad en la que tendemos instintivamente a encerrarla.”[2]

 

4. Contemplación en el mundo, un nuevo estilo de santidad requerido para la transformación de lo temporal.

 

Un nuevo estilo de santidad es requerido para una nueva etapa de la civilización. Santos del mundo, de lo profano. Santos de la política, de la familia, del arte, de la economía… y no sólo santos del claustro. En muchas obras de Maritain encontramos  bellos  pasajes interpeladores incidiendo en este nuevo estilo de santidad.

 

“Un christianisme décoratif ne suffit plus désormais. Un Christianisme vivant est necessaire au monde. La foi doit être une foi réelle, pratique, existentielle. Croire en Dieu doit signifier vivre d’une telle manière qu’on ne pourrait pas vivre ainsi si Dieu n’existait pas. Pour le croyant pratique une justice évangélique, une attention évangélique à toutes les choses humaines doit inspirer non seulement les actions des saints, mais les structures et les institutions de la vie commune, pénétrer dans les profondeurs de l’existence social-terrestre [...] on peut comprendre qu’un nouveau style de sainteté, une nouvelle étape dans la sanctification de la vie séculière sera appelé par un nouvel âge de civilisation. Non seulement l’esprit du Christ se répandra dans la vie séculière, et cherchera ses témoins parmi ceux qui travaillent dans les chantiers et les usines, les oeuvres socials, la politique ou la poésie [...] mais une sorte de divine simplification aidera les hommes à comprendre que la perfection de la vie humaine consiste [...] dans un amour qui grandit sans cesse entre le Moi incréé et le moi crée [...] et que la sanctification de l’homme a sa pierre de touche dans l’amour du prochain, qui lui demande d’être toujours prête à donner ce qu’il a, et lui-même, et finalement de mourir en quelque manière pour ceux qu’il aime.” ) Maritain, Jacques: Raison et Raisons. 374-375

 

 

Si esto era un deseo apremiante ya ante al siglo XX, después de perder la clase obrera para el cristianismo (el gran pecado del siglo XIX), hoy, con un nuevo mundo, caído el muro de Berlín y con  “el mundo por montera” es una necesidad insoslayable.

 

Una propuesta de cristianismo en donde el peso fundamental esté en una espiritualidad para los laicos (incluso una espiritualidad para religiosos y sacerdotes) que huya de un “apartarse del mundo” .

 

Una experiencia religiosa que se juegue el pan y la sal en la apertura a los demás y en el amor práctico. El compromiso social y político no es otra cosa que el amor a  los “sin rostro” a los que se dirige la acción social y política. Una espiritualidad que vincule estrecha y necesariamente acción y contemplación. Esta es la lección del final de la vida de Jacques con su ingreso en los Hermanitos de Jesús, en el marco de la espiritualidad de Nazaret del Hno. Carlos de Foucauld.

 

En pocas palabras: se trata del paso de la Nueva cristiandad a las minorías proféticas.

 

¿Realmente alguien puede creer que el Maritain de la última época (Le paysan de la Garone) es un exprogresiata ganado a la causa de los tradicionalistas, un anciano conservador al que los años han amargado?

 

¿Un tal personaje se haría hermanito de Jesús, los curas de las Fraternidades obreras de René Voillaume, a sus casi 80 años?

 

Atreveos a releer todo Maritain desde la tradición de Charles de Foucauld y su espiritualidad de Nazaret!

 

Traducción del francés de las notas de J. M., con ocasión de un curso sobre los dones del Espíritu Santo (1950-1951)

Insistir sobre lo que dije ayer al final de la lección.

El mandamiento nuevo
dado por Jesús en
San Juan.

El amor al prójimo es el mismo amor que el amor a Dios. En consecuencia, el amor fraterno nos hace ser connaturales también con Dios.

Cuando nos esforzamos en amar a los otros como Cristo les ha amado y siendo llevados por la caridad misma, la compasión, el don de sí que ellos son en Cristo, y viéndoles nosotros a ellos con los ojos de Cristo,

el amor fraterno deviene, mejor que todo concepto o idea, un medio inteligible para conocer a Dios, obscura y experimentalmente, de conocer a Dios como Desconocido (Inconnu), en la inextinguible infinitud de este amor.

 

Esto supondrá una aproximación evangélica hacia los hombres:

 

No se espera recibir nada de ellos, ni su gratitud, ni tan siquiera su misma conversión. No considerar lo que podrían debernos en justicia.

Incluso, intentar no darles cosa alguna.

Estar sólo atentos a su alma, y considerarla como algo de valor infinito y amado por Dios aquí y ahora.

Estar dispuestos a servirles.

Escucharles.

Ser un instrumento para transmitirles el amor que Dios les tiene.

Todo esto: actitud contemplativa hacia el prójimo
y desposesión de sí ­­–desprendimiento verdadero.

 

El amor fraterno tan exigente, tan duro, tan inexorable como el amor de Dios.

 

Y una angustia especial: la pena y el tormento incesantes de ver y de tocar la miseria, las enfermedades psíquicas y morales, el trato injusto, aquellos sufrimientos que no podemos remediar.

 

Esto exige de nosotros existir con ellos, con los pobres.

Como resultado: una vida mística y desasida

en la cual, a fin de estar completamente disponible para el amor fraterno,

el hombre pide constantemente la inspiración de los dones

especialmente los dones activos

(con el ejercicio escondido de la Sabiduría)

 

y entrada en los estados y en la vida íntima de Dios (especialmente del Dios Encarnado) –ese que es contemplación de una especie particular:

 

menos consciente de sí misma, más escondida

más libre de toda técnica

menos separada del mundo, que se olvida menos de él,

sumergiéndolo en Dios.

 

Menos concentrada en los largos períodos regulares de reposo humano y en un modo de vida estable, protegido de los hombres, como en una Trapa o una Cartuja.

 

Más desgarrado por el dolor humano y el servicio humano

- siempre el reposo divino

pero tan trascendente que pueda realizarse dentro del cuadro general de una vida activa y en la multiplicidad de pequeños momentos irregulares de silencio y de soledad que se le puedan reservar en una condición de vida inestable y precaria.

 

Menos preparado para una meditación intelectual, pero preparado para las pruebas del amor.

Contemplación por los caminos del mundo

 

Dentro de la cual, en realidad, las características sobrenaturales de la contemplación, la necesidad de una vida mística y el papel jugado por los dones aparecen más en primer plano.

 


 

[1] Raïssa Maritain: Las granes amistades. p. 292-304.

[2] Maritain, Jacques: Qui est mon prochain? p. 290